Hoy sí!

Hoy ha sido uno de esos entrenamientos en los que encuentro el sentido al por qué de correr.

Desde que he empezado me he sentido muy bien. Antes de empezar me he dicho que hoy iba a disfrutar, sin prisas, con calma, sin estresarme. A veces veo que voy acelerada, porque quiero ir rápido, y es cuando me agobio y empiezo a sentirme mal.
Hoy no ha sido así y lo he disfrutado. Con caída incluída.
He subido desde Can Mantega, por Joan Güell, he seguido por Capità Arenas, Bonaplata, Caponata (no sabía que había una calle con el nombre de la gallina de mi infancia), Vicenç Foix, casi hasta llegar a la Ronda de Dalt. A pesar de la subida me encontraba super bien, y me he sentido poderosa. Sí, poderosa. Mis pensamientos no tenían nada que ver con el otro día, no pasaba por mi mente nada negativo, todo lo contrario. Me estaba sintiendo muy bien, y además, como estaba subiendo me concentraba en mis gemelos y en lo bien que le iba a sentar la subidita a mis gluteos, muslos, y a mis pulmones. En el último tramo de la subida, de los ferrocarriles de Reina Elisenda hasta la Ronda de Dalt, ya he empezado a sentir ahogo. Llevaba el pulsómetro, intentando no pasar de 160 pulsaciones, pero en este último tramo he llegado a las 171, y he pensado que ya era hora de volver. Entonces he empezado a bajar por Vicenç Foix, y en algún sitio un adoquín debía estar más arriba que el resto y mi zapatilla se ha tropezado con él, así que he caído todo lo larga que soy.
Lo primero que he mirado es que no me haya visto nadie despatarrarme de esa manera, y efectivamente, estaba más sóla que la una. Bien. Acto seguido, y por si algún coche que pasaba lo había visto, me he levantado como si nada y he seguido, no fuera a ser que si me enfriaba empezara a dolerme la rodilla, porque ha sido ahí donde me he dado el golpe.
La bajada, con dolor incluído, me ha resultado más durilla. No me acaban de gustar las bajadas. Me dan inseguridad, me da la impresión de que me voy a caer en cualquier momento, como me ha pasado hoy, pero porque me falle un tobillo o algo así. Esto me pasaba cuando iba al colegio y me pegaba unas “natas”… Pero la verdad es que desde que corro sólo me han fallado los tobillos un par de veces.
El último kilómetro siempre me resulta el peor, sea la distancia que sea, el último es muy duro, supongo que porque quiero llegar y veo que todavía queda. Pero cuando por fin he llegado me he sentido de maravilla. Hoy sí!!! Votar en los Premios Bitacoras.com Bitacoras.com
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