MAMA RUNNER: HACER MALABARISMOS PARA ENTRENAR

A menudo leo comentarios, en algunos blogs, o en Twitter, de las dificultades que tenemos algunas mamás para poder encontrar momentos para hacer cosas para nosotras. Es una realidad, que queremos estar en todas partes y hacer todas las cosas lo mejor posible. Queremos ser buenas madres, esposas perfectas, cumplir con nuestro trabajo fuera de casa (las más ambiciosas ser las mejores en nuestros puestos de trabajo), tener la casa como los chorros del oro, que nuestra família se alimente correctamente, que todos se sientan atendidos, que la nevera esté siempre llena, que los niños no tengan frío en invierno, que no tengan calor en verano, que lleven todo al cole, y el almuerzo y la merienda que no falte, y si han crecido, comprarles ropa y calzado adecuado a la época del año….. Y un sin fín de cosas más, que además tenemos que compaginar con nuestro cuidado personal, nuestra pareja y aficiones, y nuevos proyectos. Para algunas de nosotras el día tendría que tener 48 horas para poder hacerlo todo sin tener esa sensación de culpabilidad que a veces nos invade.
Ahora que mis hijos són más mayorcitos (6 y 9 años), y que tengo a mi madre muy cerquita (sin desmerecer a mis hermanos que alguna vez se han hecho cargo de mis hijos para que Rubén y yo pudiéramos ir a alguna carrera), me he fijado como días de entrenamiento los martes y jueves, al salir del trabajo, y otro día en fin de semana.
Los martes y jueves, porque son los días que no tengo que recoger yo a mis hijos en el cole. A pesar de eso, de saber que están atendidos por la mejor persona que los podría atender, no dejo de tener una sensación de culpabilidad, porque en ese rato podría estar ayudándolos a hacer los deberes, o simplemente haciéndoles compañía o ocupándome de mi casa, y culpabilidad también por mi madre, que pudiendo estar tranquilita en su casa, está en la mía, cuidando de mis niños. Aunque ella nunca se ha quejado porque su mayor alegría son ellos, y si pasa un día sin verlos ya está que no vive. Pero a veces hay que ser un poco egoista, sin olvidar que el beneficio que nos da hacer algo para uno mismo, repercute en el bienestar de los que nos rodean.
Cuando salgo del trabajo, ya vestida para correr, me pongo mis auriculares y soy Marisa, en mi momento, mi espacio, compitiendo conmigo misma, sintiéndome libre.
El beneficio que eso está aportando a mi mente, a mi cuerpo, y a mi família, son múltiples.
Además de sentirme mejor conmigo misma por estar haciendo algo de lo que no me creía capaz, superándome a cada kilómetro que corro, de haber dejado de fumar gracias al running, de no constiparme, de no toser, de no sentirme constantemente cansada, además de todo eso y mucho más, veo que mis hijos crecen con el concepto de que el deporte forma parte de sus vidas, y prefiero que se rodeen de un ambiente deportivo y sano antes de muchos otros que se ven y que me ponen los pelos de punta.
No estamos obsesionados, pero queremos que el deporte sea parte de nuestras vidas, tanto por nuestra salud física, como la mental.
Mi último comentario de hoy es para esos abuelos, familiares, parejas, en definitiva cuidadores de nuestros hijos, que nos ayudan a compaginar nuestra afición con todo lo demás, y que además nos animan constantemente a hacerlo.
Para mí, ver a mi marido, hijos, hermano y madre en la Cursa de la Dona fue un momentazo que nunca olvidaré y llevaré siempre en mi corazón como momentito “de confort” psicológico (yo me
entiendo).

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